El Dodo es una de las aves más famosas del mundo que vivió pacíficamente en la isla Mauricio pero la llegada del ser humano y de especies invasoras destruyó su hogar, extinguiéndolo en menos de un siglo y convirtiéndolo en símbolo universal del lamentable impacto humano en la biodiversidad.

El Dodo vivía en una absoluta tranquilidad en la isla de Mauricio. La isla estaba libre de humanos y los animales del lugar no eran un riesgo para el Dodo. Según Darwin, el Dodo al no estar amenazado, conseguía su alimento en el piso, no tenía necesidad de volar para comer o protegerse de depredadores.

El Dodo no era el pájaro gordo y torpe como se lo ha descripto durante siglos, incluso en las recreaciones que se han hecho en películas, dibujos animados y en el libro Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Se sostiene habitualmente que por ser un ave gorda no podía volar y que era muy torpe en sus movimientos y sumamente dócil. Por esas características, fue presa fácil del hombre, que lo cazó y comió hasta extinguirlo.
Parte de la historia fue así, pero no porque el ave fuera gorda o torpe. La mano del hombre modificó tanto su entorno, que se transformó en su primer enemigo hasta extinguirlo.
Comía lo necesario y sin esfuerzo, por lo que no necesitaba acumular energía en su cuerpo. En Mauricio hace calor todo el año, por lo que tampoco necesitaba grasa para protegerse.
Por lo tanto, siguiendo los pocos restos que hay de este bicho, una cabeza y parte de sus patas en museos científicos de Oxford, Conpenhague y Praga, las más modernas tecnologías gráficas permiten reconstruir otra fisonomía. Menos gordo y, por lo tanto, no torpe, sino ágil.

Después de la salvaje cacería por parte del ser humano, del Dodo solo han quedado algunos restos. La llegada de los humanos y la introducción de animales como cerdos, ratas y macacos diezmaron sus poblaciones y destruyeron sus nidos.
El último registro de un ejemplar vivo ocurrió alrededor de 1681, convirtiéndolo en el símbolo histórico más famoso de la extinción por acción humana.
Una cabeza momificada del Dodo de Oxford (Raphus cucullatus), se encuentra resguardada en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. Es el único espécimen en el mundo que conserva restos de tejido blando y ADN original de esta especie extinta por el hombre.
En 1865, Harry Pasley Higginson descubrió algunos huesos parcialmente fosilizados en un pantano de Mauricio, luego los envió en una caja a los museos de Liverpool, York y Leeds. En el Museo Mundial de Liverpool se erigió un esqueleto casi completo.
Después de la desaparición prematura del Dodo, la empresa Colossal Biosciences planea «desextinguir» al dodo, la empresa afirma «Hoy, Colossal se compromete a recuperarlo». Planea volverlo a la visa editando genéticamente el ADN de la paloma de Nicobar (su pariente vivo más cercano). La empresa busca cultivar células germinales primordiales, incorporarlas en aves portadoras y, en el futuro, devolver un dodo funcional a un santuario en la isla de Mauricio.






